Ya tras pasar unos días en Lisboa, tenía que ir a Porto porque mi vuelo siguiente salía desde el Aeropuerto Sa Carneiro. Hasta la segunda ciudad lusa podemos llegar de dos formas, bus o tren, me decante por el segundo por el tema de horarios, lo mejor es ir en el Intercidades, tarda un poco más que el Alfa Pendular, pero la diferencia de precios merece la pena. El tren lo podemos coger o en Santa Apolonia o en Oriente, yo fui desde Oriente, una vez en el tren donde no hacen descuento con el carnet de estudiante, me dispuse a escribir y pensar en esos días increíbles en Lisboa.
Llegamos a Porto y ya es de noche, la estación es Campanha, desde ahí tenía que ir en metro hasta Sao Bento, y Dios mío que cosa más complicada de metro, creo que incluso me cole o me pase del tiempo. Mi llegada hasta Sao Bento no fue nada fuera de lo normal, lo difícil llego luego, yo había reservado en una pensión que se encontraba en la Avenida Alexandre Herculano, pregunte a unos taxistas para llegar andando, imaginaros, andando, lloviendo y de noche. Tras dar un rodeo increíble, las calles no me parecían nada seguras, gente un tanto extraña, yo con las cámaras y el dinero para el resto del viaje, en definitiva, tenía miedo. En un momento la lluvia subió de intensidad y acabe refugiado en una carnicería árabe que estaba cerrada, los que allí estaban no hablaban ni portugués, ni español y por supuesto el inglés… ni pensarlo. Ya salí di vueltas y encontré la calle, ya solo me quedaba un escollo, encontrar la pensión, tras andar por fin la vi, dije hogar por fin, pero la pensión no era algo muy… en otro post os hablare de ella.
Llegamos a Porto y ya es de noche, la estación es Campanha, desde ahí tenía que ir en metro hasta Sao Bento, y Dios mío que cosa más complicada de metro, creo que incluso me cole o me pase del tiempo. Mi llegada hasta Sao Bento no fue nada fuera de lo normal, lo difícil llego luego, yo había reservado en una pensión que se encontraba en la Avenida Alexandre Herculano, pregunte a unos taxistas para llegar andando, imaginaros, andando, lloviendo y de noche. Tras dar un rodeo increíble, las calles no me parecían nada seguras, gente un tanto extraña, yo con las cámaras y el dinero para el resto del viaje, en definitiva, tenía miedo. En un momento la lluvia subió de intensidad y acabe refugiado en una carnicería árabe que estaba cerrada, los que allí estaban no hablaban ni portugués, ni español y por supuesto el inglés… ni pensarlo. Ya salí di vueltas y encontré la calle, ya solo me quedaba un escollo, encontrar la pensión, tras andar por fin la vi, dije hogar por fin, pero la pensión no era algo muy… en otro post os hablare de ella.
Espero que nos cuentes pronto el desenlace de este emocionante relato
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